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martes, 17 de agosto de 2010

El Chef Piurano

Cocinado por Huma el martes, agosto 17, 2010 1 cucharadas

Me gustaría ser catadora de restaurantes peruanos. Encontrar picadas, probar platos, beber pisco sour y conocer a las familias peruanas que comparten tan generosamente su saber culinario, abriendo restaurantes pequeños pero prometedores. ¡Vaya que me gustaría ese trabajo!

Pero bueno, ya que no he sido contratada por algún canal gourmet para desempeñar esta deliciosa labor, me autocontraté y, junto a Vinotinto, hemos ido patiperreando por Santiago encontrando lugares pequeños, desconocidos pero genuinamente peruanos.

Fue así como llegamos a “El Chef Piurano” ubicado en la calle San Diego, casi llegando a Santa Isabel y justo al lado de los juegos Diana.

Este restaurante familiar tiene todo para convertirse en el favorito, como ya lo es para nosotros. Atendido por toda la familia, siempre merodea por la cocina la pequeña Claudia que de seguro será un gran chef cuando grande.

La música siempre acompaña armónicamente pues suenan boleros o música folclórica peruana, lo que otorga un ambiente autóctono y muy familiar. Dos grandes banderas (peruana y chilena) adornan la barra, en la que siempre está la dueña del local, sonriendo y conversando.

Apenas una se sienta, colocan en la mesa pancito fresco para untar en dos salsas deliciosas: de ajo y de cilantro. A su vez, llega un exquisito sour (por cuenta de la casa) que tiene la justa medida de dulzor y de pisco.

Así, vaya que se comienza bien.

Con Vinotinto hemos probado variados platos, todos deliciosos. Y en esta quinta visita decidi salirme de mi clásico chaufa tres sabores (con carne, pollo y camarón) y probe el Lomo a la Chorrillana. De la chorrillana que conocemos no tiene nada: es un lomo cocinado a la plancha bañado con una salsa roja hecha con tomate, cebolla, cilantro, arvejitas y choclo peruano, y acompañado de arroz blanco. La verdad, una muy buena elección pues los sabores estaban definidos y se respetaban unos a otros. La carne blandísima y cocinada a punto, muy jugosa; complementándose perfectamente con el jugo de la salsa roja. En la boca queda el sabor fresco de las verduras, con la cantidad precisa de aliños.

Vinotinto comió está vez un Chaufa de carne, acompañado de pequeñas porciones de mermelada de tamarindo, que le otorgó un sabor muy particular a la preparación.

Esta vez nos acompañó Princesa, la hermana de Vinotinto, que se dejó asesorar por mi y se pidió el siempre inigualable Lomo Saltado.

Mientras comíamos, observé el entorno y sentí que estábamos en el comedor de alguna casa peuana, con la pequeña Claudia revoloteando por ahí y la dueña sonriendo mientras preparaba un sour para una mesa vecina.

Los platos demoran el tiempo que deben demorar, pues son cocinados en el momento, lo que me agrada y da confianza.

Postre no pudimos comer porque las porciones son muy grandes y no deja espacio para nada más que una agüita perra.

Como siempre, al terminar, nos despedimos amablemente, prometiendo,con la mirada, volver.

Agradezco a la gente de Perú, a la cocina latinoamericana y a la fraternidad de Chile que recibe al amigo forastero con respeto y admiración.

Les recomiendo a ojos cerrados “El Chef Piurano”. Les garantizo una experiencia gastronómica de calidad, y una experiencia humana de esas necesarias para el corazón.


El Chef Piurano

San Diego 422

Abierto de Lunes a Domingo

Consumo promedio por persona: 7 mil pesos (sour, entrada compartida y plato de fondo).

viernes, 7 de mayo de 2010

Ciudad Vieja, Sánguches nuevos

Cocinado por Huma el viernes, mayo 07, 2010 1 cucharadas


Anoche fuimos con Vinotinto a la Sangucheria Ciudad Vieja, en el número 92 de la calle Constitución, al frente del conocido Galindo.
La verdad, yo lo conocía pero NECESITABA que Vinotinto lo hiciera, pues él ama los sánguches y más si son contundentes.
Porque si hay algo que caracteriza a Ciudad Vieja es la generosidad de sus preparaciones.
Cada uno pidió algo para beber. Vinotinto un shop Kunstmann de 1/2 litro, y yo una copa de Santa Emiliana Reserva Carménère.
Luego, después de mirar y mirar la carta, de comentar, recomendar, decidir, arrepentirse, volver a decidir, volver a arrepentirse y, finalmente, decidir con seguridad y certeza; pedimos dos sánguches carnívoros: Mechada y Corderito.
El Mechada lleva carne mechada cocinada en salsa casera de tomates, mayonesa de ajo, papas hilo y champiñones ostras salteados. Esta vez decidí pedirlo en pan italiano y acompañarlo con una ensalada de rúcula y lechuga morada. Pues bien, el sánguche, a nivel general, estaba muy rico y con la cantidad de mayonesa precisa para no transformarlo en una bomba de colesterol. Las papas hilo, doradas y crujientes, acompañaban armónicamente al resto de los sabores. Un acierto incorporarle champiñones ostras, que le dan un sabor y textura muy especial. Sin embargo, la carne mechada estaba un poco seca, lo que se notaba más dada la suavidad de los otros ingredientes. De seguro, no fue bien hidratada. ¿Cómo hidratarla? Pues, sellándola muy bien e insertándole verduritas a través de pequeños cortes de cuchillo. Con eso y un poco de agua tibia de vez en cuando, se consigue una mechada suave y fácil de comer. Sin embargo, y más allá de este detalle, el sánguche estaba rico, contundente y hecho con ingredientes muy frescos.
Otra cosa fue el que se pidió Vinotinto. El Corderito es un lujurioso sánguche preparado con carne de cordero cocida en cerveza, cilantro, ajo y aceitunas, más tomates deshidratados y queso de cabra fundido. Vinotinto eligió en pan amasado y, como no, con papas fritas de acompañamiento.
Este sánguche lo defino como una oda al sabor fuerte y textura suave. El cordero estaba blandísimo y con un sabor demasiado especial. Sumado esto a la exquisitez que son los tomates deshidratados y la potencia del queso de cabra, hacen de este sánguche un acierto en todos los sentidos. Porque, si bien es contundente, la sensación final es de haber comido una preparación que eleva todos los sentidos. El pan amasado, de excelente tamaño, textura y sabor.
Y claro, era cosa de ver la cara de Vinotinto y cómo sus bigotes se le encrespaban, para saber que estaba pasándola muy, pero muy bien.
La delicia de estos sánguches se potencia con los aliños que tienen a disposición del cliente: mostaza de Dijon, tabasco rojo y verde y aceite de oliva. Además, pedí limón para mi lechuga y me lo trajeron en un dispensador pequeñito y lindo.
Pucha que estábamos sonrientes. Y con un gusto salado tan grande que decidimos pedir postre. En eso, la carta es todo lo contrario a la de sándwiches: pequeña.
Nos decidimos por lo desconocido y pedimos Ponderación que, luego de comerlo, entendí por qué se llama así.
Es una especie de cilindro de masa caramelizada, muy parecida a la de las palmeras, rellena con nueces picadas y servido con manjar tibio y una bola de helado de vainilla.
¡Muy rico! Y todo muy bien “ponderado”. Cada elemento potenciaba al otro y lo acompañaba muy bien. Equilibrio de sabores y texturas.
Ciudad Vieja es un lugar cálido, ameno, cercano. Atienden unos garzones simpáticos, serviciales, rápidos y atentos. El lugar es confortable y, si bien se llena, no se transforma en un espacio desagradable y bullicioso.
Quizás el único pero, para mí que soy una gata sana, es que es un local para fumadores, por lo que el humo será una constante todo el tiempo.
Más allá de eso, acá tenemos un espacio para comer y pasarlo bien que hace uso total de las tres B que tanto nos gustan a los gatos de la clase media.
Así que, después de todo lo expuesto, sólo puedo decirles que vayan y coman. Que para eso fue creado este lugar.
Eso sí, reserven porque la cosa, después de las 19:30 horas se llena de humo, risas y ricos aromas.
 

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